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lunes, 12 de noviembre de 2012

El beso del sueño

De aquella noche no más puedo decir que no tuve un sueño. Recuerdo bien poco. Un mando a distancia. Un clásico del cine. Mi trasero suspendido en el aire a medio camino entre el sofá y el escabel. El frío me desveló. Y es entonces cuando sentí eso. Sentí el beso. Cálido y dulce. Los labios de mi madre pegados a mi mejilla. Y comencé a soñar. A pesar de estar muerto, no puedo afirmar que no fuera un sueño. 



´Jesús´

Dulce sueño, dulces sueños mi amor.

De aquella noche recuerdo bien poco. Sentado frente al televisor, y el maratón de cine clásico en la Paramount. El mando a distancia colgando de una de mis manos, y mi trasero peleando suspendido en el aire a medio camino entre el sofá y el escabel buscando acomodo. Y entonces un dolor opresivo que iba en aumento se apoderó de mí. 

Me faltaba el aire. Abría la boca como un pez fuera del agua. No le di mayor importancia hasta que unos minutos después me sobrevino la misma sensación. Pareciese que encima tuviese sentada a mi suegra dando botes. El dolor se extendió hacia el lado izquierdo. La espalda, el cuello y la mandíbula se volvieron rígidas. Ahora era el brazo el que me dolía. Un sudor frío me empapó la frente y los labios, hasta que al fin comencé a recuperar la normalidad. Me tranquilicé. 

Y entonces una brisa tibia me sobrecogió. Un dulce sueño se adueñó de mí. Mientras un beso cálido y dulce de sus labios se estampó en mi mejilla, y una respiración profunda y entrecortada no dejaba lugar a dudas. Estaba muerto y podía verla sollozando encima de mi cuerpo inerte.

Ahora es el suyo el que se estremece cada noche entre las sábanas cuando una brisa tibia se cuela en el dormitorio y le devuelvo el beso. Dulce sueño, dulces sueños mi amor...